Escrito originalmente en francés. Traducido por IA — se ha preservado el sentido, no la prosa.
Idea principal
El momento en que uno se pregunta "¿cómo sabré que está terminado?" decide la respuesta. Planteada al final de la obra, la pregunta llega cuando ya se tiene delante una lista de cosas hechas; el criterio elegido será una de ellas, porque es la única que no exige ningún trabajo adicional.
Planteada antes de empezar, la misma pregunta no tiene salida cómoda: nada está hecho todavía, así que ningún criterio está ya satisfecho. Uno se ve obligado a describir el objeto del trabajo en lugar del trabajo: a establecer la lista de lo que habrá que cubrir, y una forma de contarla.
De ahí el remedio, que no afecta a la calidad del criterio sino al momento de su elección: elegir el criterio de parada al principio, no al final. Es la diferencia entre "he ordenado todo lo que había tirado por mi mesa" y "aquí está la lista de lo que tenía que ordenar, todo está marcado". La primera frase es cierta y no compromete a nada; la segunda supone haber hecho la lista antes de empezar.
Por qué es importante
Es un remedio de procedimiento, así que aplicable sin necesidad de una lucidez particular en el momento crítico, justo cuando el cansancio de final de obra vuelve seductora cualquier prueba de finalización.
Sirve también como cláusula de encuadre para un trabajo delegado: el criterio forma parte del encargo, igual que el perímetro, y no del informe final.
Matices y límites
El criterio elegido al principio puede resultar falso sobre la marcha: el objeto se descubre al describirlo. Debe poder revisarse, pero de forma explícita y con su motivo, lo que sigue siendo distinto de elegir uno nuevo porque el anterior se resiste.
Y no exime de hacerlo medible: un criterio planteado al principio pero inverificable no vale más que un criterio cómodo planteado al final.
Preguntas abiertas
- ¿Cómo formular un criterio de parada al principio de un trabajo exploratorio, cuando la lista de lo que hay que cubrir solo se conoce avanzando?