Cero bugs: dejemos de gestionar inventarios de defectos
El verdadero problema de los bugs no es que existan, sino que la organización se acostumbra a conservarlos. Se priorizan, se posponen, se revisan en comité — hasta que un cliente se queja. Una política de cero bugs apunta a otra cosa: cero bugs conocidos sin decisión. O se corrige, o se asume que no es un defecto. Lo que esta política rechaza es el tercer estado: saber que un bug existe y mantenerlo en una lista para más adelante.